desteyos de luz perturban la calma estatica de la complasencia, los oidos voluntariamente tapados por nuestra egolatra superticion y la certeza incierta de que no pasara nada, mas que lo que hemos simulado, nos induce a pasar por alto las imperfecciones aparentes que tanto nos recuerdan desde posiciones antagonicas. nuestro propio mal somos nosotros mismos con nuestro almacen de racionalidad. no parece dificil hacernos daño, a vista de nuestros enemigos, nos dejamos llevar por la calma, la luz y su sueño inmortal.